Empecemos por explicar por qué no basta mirar los certificados de defunción. En las series de TV se sabe siempre con toda certeza de qué ha muerto una persona. En realidad, no es tan fácil. Esto es cierto incluso en casos que podrían parecer claros, como un cáncer. Digamos que una persona ha sufrido un cáncer lo que le debilita de forma general. Le han tratado con quimioterapia, lo que ha disminuido sus defensas. Debido a su estado ha cogido una infección de orina y se ha muerto. ¿A qué asignamos su muerte: al cáncer, a la quimioterapia o a la infección? Cierto que desde un punto de vista personal, familiar, seguramente lo achacaríamos al cáncer. Pero desde un punto de vista de salud pública, de creación de protocolos de salud o de asignación de recursos en los hospitales, sí que tiene importancia poder decidir entre las tres causas. A casos como este, en las que hay más de una enfermedad que contribuye a la muerte de la persona, se dice que tenemos comorbilidades. Y estos casos son muy habituales.
Las comorbilidades complican mucho el asignar las causas de muerte con el Covid, porque el Covid raramente causa la muerte si no hay otras enfermedades presentes. Una persona por debajo de 60–70 años que esté sana supera el Covid prácticamente siempre. La inmensa mayoría de los muertos son ancianos, por lo tanto con las defensas “cansadas” y la mayoría con afecciones respiratorias, cardíacas, un tumor o similar. En la inmensa mayoría de las muertes hay comorbilidades. Entones, ¿ha muerto con Covid o ha muerto a causa del Covid?
Este problema no es nuevo y está muy estudiado, por ejemplo en el caso de la gripe: todos hemos pasado gripes sin mayores problemas, pero la gripe es mortal en ancianos y personas con sistema inmunitario debilitado y otras afecciones. Es decir, casi todos los muertos por gripe presentan comorbilidades. Podemos aplicar entonces al Covid los metodos que se aplican a la gripe común.
Empecemos por los números oficiales del coronavirus. ¿De dónde salen? La Organización
Mundial de la Salud (WHO por sus siglas en inglés) ha dado la siguiente
A COVID-19 death is defined for surveillance purposes as a death resulting from a clinically compatible illness in a probable or confirmed COVID-19 case, unless there is a clear alternative cause of death that cannot be related to COVID disease (e.g., trauma). There should be no period of complete recovery between the illness and death.
Lo que traducido significa:
Una muerte por COVID-19 se define a efectos de tasado como una muerte que resulta de una enfermedad clínicamente compatible en un caso probable o confirmado de COVID-19, a menos que haya una alternativa clara de muerte que no puede ser relacionado con una enferemedad de COVID (por ejemplo, trauma). No debe haber un periodo de recuperación completa entre la enfermedad y la muerte.
En la práctica esto quiere decir que si de entre todas las causas de muerte que se inscriben en el certificado de defunción una es Covid, incluso si no es un caso confirmado de Covid entonces se considera que es una muerte por Covid. Es decir, cualquier muerto con Covid se considera muerto a causa del Covid. Es una definición de ponerse en el peor caso (en caso de duda lo asignamos al coronavirus) lo cuál es defendible en medio de la crisis, pero que en el futuro habrá que revisar y seguramente será a la baja.
¿Y cómo se revisa? El coronavirus es un virus estacional, como lo es la gripe. Veamos cómo se asignan muertos a la gripe. La gripe empieza en otoño y tiene su pico en diciembre-enero. Esto se ve muy bien si miramos la gráfica de todos los muertos por cualquier causa:
Esta gráfica está obtenida del blog de WM Briggs, ya mencionado en entradas anteriores. Sus datos están cogidos directamente del CDC (Center for Disease Control), agencia oficial estadounidense encargada de cuestiones de salud.
Vemos que en el 2018 hubo una gripe con muchos muertos, mientras que en el 2019 fue mucho más suave. En el 2020 también tenía pinta de ser suave, hasta que llegó el Covid.
Fijemonos en 2018. Se ve claramente el “pico” de los muertos por gripe. Podemos considerar que este “exceso de muertos” son los que se murieron por gripe:
Si calculamos cuál es el “exceso de muertos” en la temporada de gripe, podemos estimar cuántos muertos podemos asignarle. En este caso, el área en granate. Naturalmente, es mucho más complicado, con muchas suposiciones intermedias, pero esa es la idea básica: tenemos el número total de muertos, que es un número con muy poca incertidumbre, calculamos los muertos “habituales”, restamos esta cantidad del número total de muertos, y esos son los muertos que se asignan a la gripe.
Del cálculo, como de cualquier cálculo matemático, sale un número exacto y por lo tanto en algún sitio puede que escriban algo así como “En el año 2018 hubo 6543 muertos por gripe en España”. De ninguna manera se sabe el número con tanta certeza. Hay mucha incertidumbre y en los cálculos estadísticos debiera darse todo como un intervalo. Es mucho más razonable decir que en España hubo entre 6000 y 7000 muertos de gripe en 2018. Pero a nadie le gusta la incertidumbre y prefieren los números exactos, que dan una falsa, pero reconfortante, sensación de control.
Y qué pasa en el 2020 con el coronavirus? Volvamos a la gráfica de muertos totales en USA y centrémonos en los muertos en lo que llevamos del 2020:
Para empezar, el “bajonazo” del final de la gráfica es debido al tiempo que tardan en llegar al CDC los datos de hospitales, administraciones estatales, etc. Los datos de las 3 últimas semanas (los tres puntos negros de la gráfica) cambiarán mucho en los próximos días y no hay que hacerles caso.
Vemos en el 2020 que hay dos picos: un pico pequeño, debido a la gripe, y otro mucho mayor debido al Covid. Este segundo pico empieza antes de que haya acabado el primero, lo que significa que en esa región hay muertos por Covid y también por gripe, lo que complicará la asignación que haya que hacer en el futuro. También sabemos que, aproximadamente, hay que asignar al Covid los muertos entre el pico y donde “debiera” estar la gráfica si no hubiera Covid.
También vemos una raya punteada. Esta raya nos indica el número de todos los muertos no asignados al Covid. Pero sabemos, por la misma definición de la WHO, que en estos momentos, en caso de duda, se asigna un muerto a Covid aunque quizá no lo sea. Por ejemplo, alguien (no recuerdo dónde lo leí) ha notado que en España han bajado notablemente este invierno los muertos asignados a neumonía. Luego el área entre la linea punteada y la linea gruesa es un “peor caso”. El número real de muertos debido al Covid (que nunca sabremos con certeza) será seguramente algo menos. Estos son los datos para Estados Unidos.
Ya he dicho que la asignación debido a “exceso de muertes” es muy complicado si se hace a fondo y teniendo en cuenta mil detalles. Pero nos permite hacer nuestra propia estima con bastante facilidad. No será una estima exacta, pero sí nos permitirá saber hacia donde andan los números, si cerca de los 20.000 o más cerca de los 50.000. Y sin interferencia política.
El INE publica el número de muertos totales cada año en España. Tardan un poco: los últimos datos que tienen son del 2018. La gráfica del numero total anual de muertos en España, desde 2006 a 2018 es el siguiente:
Vemos que el número de muertos va creciendo cada año. Si sigue creciendo al mismo ritmo, podemos esperar unos 432.000 muertos para 2020. Una vez sepamos el total del 2020, le restamos este valor esperado de 432.000 y tendremos una estima de cuántos muertos se pueden achacar al Covid. Es un método simple, no muy preciso pero que sí nos dará una estima razonable y libre de interferencias políticas. Lo malo es que habrá que esperar hasta finales del 2021…




