Voy a empezar por la conclusión: la mascarilla sirve para reducir la expansión de la enfermedad al parar el motor principal de contagio: las gotitas de saliva y moco que expulsan las personas contagiosas al toser y estornudar. No hay ningún beneficio sanitario en que una persona sana lleve mascarilla, ni para ella ni para la sociedad. Más importante que el uso de la mascarilla es mantener una distancia de 1 m y lavarse las manos con frecuencia. El uso generalizado de la mascarilla puede ser contraproducente si se usa mal y porque puede dar una falsa sensación de seguridad.
Expliquemos ahora las causas y motivos que dan lugar a la conclusión.
Casi toda la información de esta entrada proviene de los consejos de la OMS sobre el uso de mascarillas en el contexto del COVID-19. Tiene dos documentos, uno publicado el 6 de abril y otro el 5 de junio. El del 6 de abril es mucho más corto. El del 5 de junio revisa más estudios, algunos muy recientes, añade detalle, dedica mucho más espacio al caso de los trabajadores en hospitales y, como veremos, entra en política (no es de extrañar, la ONU es una institución política). Nada del documento del 5 de junio contradice al del 6 de abril.
Antes de revisar los documentos, quiero explicar un término usual en investigación. Cuando se dice que “no hay evidencia” no significa que algo sea falso, sino que no hemos podido probar que es verdadero. Si se dice que “hay evidencia limitada”, quiere decir que hay indicios de que sea cierto, pero son indirectos o de poca monta y no confirmados. Por ejemplo, digamos que entras en una habitación y quieres saber si hay un animal dentro (un mamífero o ave, no un insecto). Entras, miras por todo y no ves nada. Entonces dirás que “no hay evidencia” que haya un animal dentro. Puede que lo haya: puede que haya un ratón bien escondido y que no has visto. Si ves arañazos u oyes algo pero no ves nada, entonces tienes “evidencia limitada” de que hay un animal dentro. Como digo, no haber evidencia no quiere decir que algo no exista, pero sí se puede deducir que el efecto no es grande: puede que haya un ratón y no lo hayas visto, pero seguro que no había un perro o un caballo.
Empecemos por explicar cómo se contagia el COVID-19. Como detalla el documento, se contagia por gotitas de saliva o moco de la boca o nariz de personas infectadas, que se desprenden sobre todo durante toses y estornudos. Estas gotitas no están suspendidas en el aire, sino que caen sobre el suelo o sobre superficies. Algunas superficies permiten la supervivencia del virus durante un periodo de unas horas a un par de días. tambien es posible el contagio si se tocan estas superficies. En algunos sitios muy específicos, como por ejemplo unidades de vigilancia intensiva, puede haber gotitas contagiosas suspendidas en el aire. A esto se llaman aerosoles. Esto sólo pasa en alguno sitios muy específicos y no en la calle o tiendas o autobuses.
Son las gotitas que infectan ya sea si te llegan directamente o a través de una superficie intermedia. El aire no contagia.
Por lo tanto hay probabilidad de contagiarse si se recibe un “impacto directo” de una de estas gotitas de una persona susceptible de contagiar (después entraremos en quién es susceptible de contagiar). El radio de acción de estas gotitas es de alrededor de 1 m, y de ahí la distancia de separación social. También se puede contagiar si se toca una superficie contagiada, sobre todo si te llevas la mano a la boca o nariz. Puedes contagiarte tocando un enfermo si le tocas en algún sitio que haya recibido alguna gotita. Por ejemplo, si se ha tocado la nariz o la boca y no se ha lavado las manos. No te puedes contagiar respirando por al calle. Ni siquiera por respirar en una casa en donde hay un enfermo.
Repito que hay una probabilidad de contagio. No es que si te toca una gotita te vas a contagiar seguro. Esta probabilidad depende de muchas cosas: hay personas y momentos de la enfermedad en que es mayor y otras en que es menor. También depende de el estado de salud del que recibe la gotita. Y del lugar: nuestra piel es una barrera contra los virus y bacterias que hay por todas partes y en general los mata rápidamente: si te cae en la pierna, posiblemente no pase nada, pero si te cae en la mano y te tocas la nariz, la boca o los ojos antes de lavarte las manos, la probabilidad es mucho mayor. En algún lugar leí (lo siento, no recuerdo dónde) que es necesario estar a menos de 1 m de una persona susceptible de contagiar durante varios minutos para que la probabilidad de contagio sea apreciable. Esto concuerda con mi experiencia: las personas que yo conozco que han cogido la enfermedad lo han cogido en cenas o en reuniones o de un compañero de trabajo o un familiar. No por pasar por el lado o intercambiar unas palabras con una persona enferma.
De aquí se deduce el objetivo de la mascarilla: al impedir que gotitas de personas enfermas lleguen a otras personas o a superficies donde el virus puede sobrevivir, reduce la transmisión de la infección. La mascarilla no filtra el aire. Su única misión es parar las gotitas. Es por eso que en vez de una mascarilla se puede llevar una pantalla: no impide el flujo de aire, pero para las gotitas expulsadas en toses y estornudos.
Y también se deduce que no hay motivo para que una persona sana lleve mascarilla: esta persona no puede contagiar, por lo tanto no reduce la expansión de la enfermedad, y la mascarilla no previene el ser contagiado.
Volvamos a la cuestión de quién puede contagiar. Evidentemente, una persona que no tiene el virus no lo puede contagiar. De los que lo tienen hay 3 tipos: los asintomáticos, que nunca desarrollan síntomas; los pre-sintomáticos, que aún no presentan síntomas, pero que lo harán en el futuro; y los enfermos, que son los que presentan síntomas. No hay evidencia de que un asintomático pueda contagiar; un pre-sintomático puede contagiar a partir de 2 o 3 días antes de presentar síntomas; un enfermo puede contagiar en los primeros días de la enfermedad. En los casos leves, a los 2 o 3 días deja de ser contagioso. En los casos graves, será contagioso durante más tiempo.
Entonces, ¿qué recomendaciones da la OMS de uso de la mascarilla? Presenta muchos casos, en hospitales, personal sanitario que visita zonas de intenso contagio, en gente de riesgo, etc. Si alguien quiere verlos todos debe leer los documentos. Yo sólo voy a presentar dos casos de “público general”.
- Una persona enferma que esté en casa debe permanecer aislada y debe usar mascarilla sólo cuando entre otra persona en su habitación. Las personas sanas que estén en la casa deben usar mascarilla sólo cuando entren en la habitación del enfermo.
- En la publicación del 6 de abril se indica que la OMS indica no recomienda el uso general de mascarillas para la gente sana. En la de 5 de junio cambia de opinión. Reconoce que no hay ninguna evidencia que el uso generalizado de la mascarilla sirva para reducir el contagio, pero recomienda su uso si no se puede asegurar que haya una distancia de separación social de 1 m. Es interesante fijarse en los motivos que da. Hay uno que es médico: reduce los contagios de los pre-sintomáticos. Otro interesante es que es que es un recordatorio que hay que cumplir las otras normas. El resto son políticos y un tanto curiosos. Por ejemplo recomienda que la gente se haga sus propias mascarillas para aumentar la iniciativa, la creación de comunidad e incluso la sostenibilidad.
Los documentos insisten una y otra vez en que el uso de la mascarilla tiene el peligro que la gente tenga una falsa sensación de seguridad y no hagan dos cosas más importantes: lavarse las manos y mantener la distancia de 1 m. Es decir, que se puede usar la mascarilla demasiado.
Resumen: la mascarilla sirve para reducir la expansión de la enfermedad al parar las gotitas de saliva y moco que expulsan las personas contagiosas (pre-sintomáticos y sintomáticos) al toser y estornudar. No hay ningún beneficio sanitario, ni para ella ni para la sociedad, en que una persona sana lleve mascarilla. Más importante que el uso de la mascarilla es mantener una distancia de 1 m y lavarse las manos con frecuencia. El uso generalizado de la mascarilla puede ser contraproducente por dar una falsa sensación de seguridad o por usarla mal.
A partir de aquí que cada uno saque sus conclusiones. Aquí va la mía: El uso de la mascarilla no es inocua. No ver las caras de la gente deshumaniza. Se reduce el contacto, incluso si se mantienen las distancias, lo que hace que haya más individualismo y menos comunidad. La gente está más sola y todo es más triste. El uso de la mascarilla es malo para la sociedad. Y es preocupante que parece que se esté usando para marcar a los “desobedientes”. Por eso sólo debe usarse en los momento y lugares en los que los beneficios sanitarios lo justifican. Cuando la enfermedad está pujante y hay muchos nuevos casos, es adecuado exigirlo en el transporte público o en tiendas de alimentación. Pero nunca de forma general. Y debe reducirse la exigencia cuando la enfermedad está de salida (si vuelve, se usa otra vez). En cambio, lo que se ha hecho es lo contrario: cuando la enfermedad estaba creciendo no era necesaria la mascarilla y cuando se redujo es cuando se obligó a usarla. Y ahora quieren exigir un mayor uso, haciendo su uso obligatorio incluso si estás solo por la calle, donde no sirve para ningún motivo de salud, pero sí para que la policía te identifique de lejos. Más que una mascarilla, se ha convertido en una marca de pureza. Y eso es más preocupante que el virus.
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